Desde que el teletrabajo pasó a formar parte de la rutina de muchas personas, las consultas por dolor cervical han aumentado de forma notable. Trabajar desde casa ofrece numerosas ventajas, pero también ha hecho que muchos improvisen una oficina en la mesa del comedor, el sofá o incluso la cama. El resultado suele ser el mismo: molestias en el cuello, hombros cargados y dolores de cabeza al final de la jornada.
En FisioClinics Bilbao atendemos a menudo pacientes que relacionan estas molestias con el estrés, cuando en realidad existe una combinación de factores físicos y posturales que pueden estar detrás del problema.
El cuello soporta más trabajo del que imaginamos
La cabeza de un adulto pesa entre 4 y 6 kilos aproximadamente. Cuando mantenemos una postura erguida, la columna cervical distribuye ese peso de forma eficiente. Sin embargo, al inclinar la cabeza hacia delante para mirar un portátil o un teléfono móvil, la carga sobre las vértebras y los músculos aumenta de forma considerable.
Es como sostener una mochila durante horas sin poder apoyarla en ningún sitio. Aunque el cuerpo consiga adaptarse durante un tiempo, la musculatura termina fatigándose y aparecen las primeras molestias.
Por eso muchas personas sienten alivio al levantarse de la silla, pero el dolor reaparece al volver a trabajar.
No solo es cuestión de postura
Durante mucho tiempo se ha culpado exclusivamente a la postura del dolor cervical. Sin embargo, las investigaciones actuales muestran que el problema suele ser más complejo.
Permanecer inmóvil durante horas, trabajar bajo presión, dormir peor o reducir la actividad física también influyen en cómo responde el cuerpo al esfuerzo diario.
De hecho, dos personas pueden utilizar exactamente el mismo escritorio y experimentar síntomas completamente diferentes. La diferencia suele estar en factores como el tiempo que permanecen sin moverse, su condición física o el nivel de tensión acumulada.
Señales de que tu cuello está sobrecargado
Las molestias cervicales no siempre aparecen como un dolor localizado. En ocasiones se manifiestan de formas que pueden pasar desapercibidas al principio.
Algunos síntomas habituales son:
- Rigidez al girar la cabeza.
- Dolor en la base del cuello.
- Sensación de tensión en los hombros.
- Dolores de cabeza que comienzan en la nuca.
- Molestias entre los omóplatos.
- Necesidad constante de estirar el cuello.
Si estos síntomas aparecen prácticamente todos los días al terminar de trabajar, conviene revisar los hábitos de la jornada antes de que el problema se vuelva persistente.
Cuatro cambios que suelen marcar la diferencia
No siempre es necesario comprar una silla nueva o transformar completamente el despacho de casa. En muchos casos, pequeños ajustes resultan suficientes para disminuir la carga sobre la musculatura cervical.
Coloca la pantalla a la altura de los ojos
Cuando el monitor queda demasiado bajo, la cabeza se inclina hacia delante de forma casi automática.
Si utilizas un ordenador portátil, elevar la pantalla con un soporte o unos libros y utilizar un teclado externo puede mejorar notablemente la posición de trabajo.
Haz pausas aunque no tengas dolor
Esperar a que aparezcan las molestias suele ser un error frecuente.
Levántate cada 45 o 60 minutos, camina unos minutos o realiza algunos movimientos suaves con los hombros y el cuello. Estas pausas ayudan a reducir la fatiga muscular y favorecen la circulación.
Alterna tareas siempre que sea posible
Si tu trabajo combina llamadas, reuniones y tareas administrativas, intenta evitar permanecer dos o tres horas seguidas realizando exactamente la misma actividad.
Cambiar de tarea también implica cambiar ligeramente la postura y reducir la carga mantenida sobre determinadas estructuras.
Mantén una rutina de ejercicio
Una musculatura fuerte tolera mucho mejor las exigencias del trabajo diario.
No hace falta realizar entrenamientos complejos. Caminar, nadar, practicar ejercicios de fuerza o mantenerse físicamente activo varias veces por semana contribuye a mejorar la resistencia muscular y disminuir el riesgo de sufrir dolor cervical.
¿Y si el cuello sigue doliendo aunque mejores la postura?
Es una situación bastante habitual. Muchas personas realizan cambios en el escritorio y, aun así, continúan con molestias.
Esto ocurre porque el dolor no siempre depende únicamente de la postura. En ocasiones existe una pérdida de movilidad, una sobrecarga muscular mantenida o una alteración en la forma de mover el cuello que necesita una valoración individual.
Además, cuando el dolor lleva varias semanas presente, es frecuente que la musculatura permanezca en tensión incluso aunque el factor que originó el problema haya desaparecido.
Por ese motivo, abordar únicamente la ergonomía puede quedarse corto si el problema ya está establecido.
¿Cuándo conviene consultar con un fisioterapeuta?
No es recomendable esperar a que el dolor impida trabajar o limite los movimientos del cuello.
Si las molestias aparecen prácticamente cada día, se extienden hacia los hombros, provocan dolores de cabeza frecuentes o interfieren con el descanso, es aconsejable realizar una valoración profesional.
El objetivo no consiste únicamente en aliviar el dolor, sino en identificar qué factores están manteniendo el problema y diseñar una estrategia adaptada a la actividad diaria de cada persona.
Si las molestias cervicales persisten o afectan a tu calidad de vida, puedes conocer cómo abordamos este tipo de problemas desde nuestro servicio de fisioterapia y rehabilitación, donde el tratamiento se adapta a las necesidades y objetivos de cada paciente.
Cuidar las cervicales también forma parte de cuidar tu salud
El teletrabajo ha cambiado nuestra forma de trabajar, pero no debería convertirse en la causa de un dolor constante. Mantenerse activo, realizar pausas, adaptar el espacio de trabajo y prestar atención a las primeras molestias son medidas que pueden marcar una gran diferencia a largo plazo.
Si notas que el cuello lleva semanas doliendo, cada vez tienes menos movilidad o los dolores de cabeza son más frecuentes, no lo normalices. Una valoración a tiempo puede ayudarte a recuperar el movimiento y evitar que una molestia pasajera termine convirtiéndose en un problema recurrente.












































